lunes, 23 de febrero de 2009

BARÓN ROJO: ¿NO VA MÁS? (SEGUNDA – Y ÚLTIMA- PARTE) METALMORFOSIS, ESE ILUSTRE SEGUNDÓN



Cuando se analiza y desmenuza la obra discográfica de Barón Rojo, la opinión general suele otorgar a Volumen Brutal, su disco de 1982 (aunque grabado en noviembre de 1.981), el título de mejor disco jamás grabado por el cuarteto. Teniendo en cuenta que la trilogía inicial formada por Larga Vida Al Rock And Roll, Volumen Brutal y Metalmorfosis, cojea más bien poco, y que las 30 canciones que los Barones nos ofrecieron entre abril de 1981 y mayo de 1.983 son prácticamente intocables, es bien cierto que la elección del favorito personal suele depender de las circunstancias individuales de cada uno. Por supuesto, no podemos negar el impacto que supuso algo como Volumen Brutal para toda una generación de seguidores del rock en el Estado Español en plena post-transición, desde su excelente e impactante portada –siempre me pareció una cubierta ideal para ilustrar cualquier clásico de los primeros Motörhead, Overkill o Iron Fist por ejemplo-, pasando por la innegable calidad y magnetismo –y cierto aire pueril, por qué no decirlo- de clásicos inmortales como 'Los Rockeros Van Al Infierno', 'Concierto Para Ellos', 'Resistiré', o una de mis favoritas, 'Dame La Oportunidad'. Siguiendo una objetividad más o menos lógica, deberíamos situar al segundo y tercer disco de la banda al mismo nivel. Destacar uno sobre el otro sería como escoger entre Screaming For Vengeance o Defenders Of The Faith, como descartar Bad Reputation en favor de Thunder And Lightning. Misión imposible, vamos. A nivel individual, y sin ánimo de sentar cátedra de ningún tipo, sí me gustaría reivindicar las canciones de Metalmorfosis, un álbum que, debido a las muchas virtudes de su predecesor, siempre se nos vendió como algo parecido al hermano pobre, como una segunda parte un tanto menos afortunada.
Grabado en los Battery Studios de Londres, el disco arranca de forma imparable con 'Casi Me Mato', seguramente la canción más popular del grupo para los oyentes casuales, para el público no habitual. Su 'Sweet Home Alabama', su 'I Want To Break Free', para que nos entendamos. Un single redondo, muy a pesar de (o quizás, debido a) su infantil e hilarante letra, y con un impecable solo de slide guitar, con el paso de los años, una inconfundible marca de la casa de Armando De Castro. Sin prácticamente descanso, un monumental riff sacado directamente del fondo de catálogo de Led Zeppelin, nos introduce a 'Rockero Indomable', otra letra cien por cien Barón Rojo para una de las composiciones más logradas de la factoría De Castro. Y es que, ser fan de Barón Rojo en los años 80 era un ritual muy similar a lo que debió suponer idolatrar a Kiss en la década anterior. Podías tener a un componente favorito, al que, por supuesto, defendías a muerte en encendidos debates: o eras del bando de Paul Stanley y su 'Love Gun', o por el contrario, creías que 'Deuce' de Gene Simmons formaba parte de los momentos más inspirados de la Historia del Rock And Roll. No había término medio. Con Barón, o eras del club de incondicionales de Sherpa, o adorabas la filosofía más cruda y rockera, menos sutil si se quiere, de los Hermanos. Mi causa, y lo escribo aún plenamente convencido, siempre fue mucho más afín a las canciones cantadas por el bajista, aunque reconozco que en Metalmorfosis, ambos bandos estuvieron igual de inspirados, seguramente estamos hablando de la colección de canciones de Barón con menos fisuras. Para ser totalmente justos y objetivos, también cabría decir que con esta tercera obra, el cuarteto mostró de forma absolutamente clara y sin vergüenza alguna cuáles eran sus modelos a seguir a la hora de componer sus propios temas: 'Tierra de Vándalos' suena sospechosamente similar a los Judas Priest de 'Electric Eye', 'Hiroshima' estaba totalmente inspirada por el MSG de Graham Bonnet (ese tufo a 'Rock You To The Ground' echa para atrás), y 'Diosa Razón', con un riff inicial deudor del Ritchie Blackmore de Down To Earth, son algunos ejemplos irrefutables. Con 'Siempre Estás Allí' consiguieron componer posiblemente la mejor canción que haya parido grupo en este país, tanto a nivel instrumental, como gracias a la emotiva letra de Carolina Cortés, la Yoko Ono particular de Barón Rojo, aunque responsable de algunos momentos líricos brillantes dentro de su discografía inicial. La primera edición de Metalmorfosis salió a la venta con un single de regalo conteniendo dos cortes que se quedaron fuera del disco por falta de espacio (estamos hablando de la época en que las obras discográficas alcanzaban como mucho los 45 minutos de duración, cosas del vinilo): 'Invulnerable', cantada por Armando, una honesta declaración de principios que con los años ha probado ser totalmente cierta, y la acelerada 'Herencia Letal', no desmerecían para nada al lado de las 9 compañeras escogidas para aparecer en el producto final, claro ejemplo del dulce del momento compositivo por el que pasaba la banda.
Por supuesto, la gira de presentación del disco se realizó por todo lo alto en la mayoría de los pabellones del país, y quedó inmortalizada en el ya legendario doble en directo Barón Al Rojo Vivo en 1.984 (grabado en Madrid, aunque en un principio se barajó la –descabellada- posibilidad de llevar la unidad móvil al Budokan de Japón), y en su secuela Siempre Estáis Allí. Las siete nuevas canciones que el grupo presentaba durante la gira son prueba de lo mucho que confiaban en el material de nuevo cuño, y, en parte, me reafirma aún más en el hecho de que, muy a pesar de que en Volumen Brutal podía encontrar 'Resistiré' y 'Concierto Para Ellos', Metalmorfosis en conjunto era un producto algo más sólido que su antecesor.