Hoy he vuelto a escuchar este doble álbum, y de momento aún no me he cansado de él. Son muchas las veces que lo he pinchado y lo cierto es que lo hago con la misma ilusión de la primera vez. Siempre encuentro detalles nuevos, canciones que me sorprenden a pesar de haberlas escuchado a tutiplén. Lo cierto es que Dylan y The Band crearon magia en ese sótano de la casa llamada Big Pink que dio nombre a la gran obra de los propios The Band. Todos los palos de la música americana se encuentran en este doble álbum, pero tocados con una espontaneidad y distensión que abruman al oyente. Una obra que se ha de tener en continuo redescubrimiento y bien a mano. Al igual que Blonde On Blonde o Rock Of Ages.
