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viernes, 17 de febrero de 2012

EL BARÓN VOLÓ SOBRE BARCELONA


Un poco tarde, pero como reza la máxima; más vale tarde que nunca. Y que mejor manera de cerrar las dos últimas entradas en las que el entrañable Sherpa ha sido uno de los protagonistas que haciendo una crónica sobre el último concierto que la formación original de Barón Rojo ofreció en la ciudad condal. Pero no va a ser servidor el que la haga, sino mi apreciado amigo The Bald Rocker que cortésmente ha tecleado unas líneas para plasmar las sensaciones vividas el pasado sábado por la noche.

Efectivamente, 32 años después de comenzar su lucha particular, el Barón volvió a Barcelona el pasado sábado 11 de Febrero. Sobrevoló la montaña mágica de la Ciudad Condal y, después de aterrizar en ella, vio y venció. Salió triunfante de una batalla de más de tres horas de duración, en la que disparó a discreción con todos sus efectivos. Sus armas de combate tronaron poderosas como el martillo de Thor en la noche barcelonesa, demostrando una vez más, que si, amigo Sherpa, que tienes razón, que el poder es un auténtico hijo de puta y que el mensaje y razón de ser y de lucha del Barón en gran parte de sus aventuras, sigue tan vigente hoy en día como hace 30, 40 o 50 años atrás. Por desgracia, sigues, seguís teniendo razón.  Si analizamos el concierto, poco hay que decir a estas alturas de la calidad en las tonadas, letras, música y buen hacer  de nuestros cuatro barones favoritos. Siguen manteniendo el poder y  la fuerza del directo. La experiencia es un grado, amigos.  “Nos da igual”  ya, a día de hoy, las diferencias y pataletas varias entre los componentes del grupo, que las hay y se dejaron notar durante la primera hora del concierto. Triste, una pena. Por suerte supieron echar mano de una profesionalidad a prueba de bombas, superando ese mal comienzo y  regalándonos una mágica noche repleta de himnos para  corear, saltar y gritar  con ellos. Así pues,  lo que nos importa, lo que cuenta de verdad y dejaremos constancia aquí para todos los seguidores del Barón clásico es que en el que fue, dicen, posiblemente su último directo, volaron a gran altura, demostrando que quien tuvo, retuvo,  y el por qué de ser la banda más grande que dio el rock duro en nuestra vieja piel de toro. Así que, como siempre amigos, todos a una: Larga Vida al Barón! …original. 
(The Bald Rocker)

lunes, 23 de febrero de 2009

BARÓN ROJO: ¿NO VA MÁS? (SEGUNDA – Y ÚLTIMA- PARTE) METALMORFOSIS, ESE ILUSTRE SEGUNDÓN



Cuando se analiza y desmenuza la obra discográfica de Barón Rojo, la opinión general suele otorgar a Volumen Brutal, su disco de 1982 (aunque grabado en noviembre de 1.981), el título de mejor disco jamás grabado por el cuarteto. Teniendo en cuenta que la trilogía inicial formada por Larga Vida Al Rock And Roll, Volumen Brutal y Metalmorfosis, cojea más bien poco, y que las 30 canciones que los Barones nos ofrecieron entre abril de 1981 y mayo de 1.983 son prácticamente intocables, es bien cierto que la elección del favorito personal suele depender de las circunstancias individuales de cada uno. Por supuesto, no podemos negar el impacto que supuso algo como Volumen Brutal para toda una generación de seguidores del rock en el Estado Español en plena post-transición, desde su excelente e impactante portada –siempre me pareció una cubierta ideal para ilustrar cualquier clásico de los primeros Motörhead, Overkill o Iron Fist por ejemplo-, pasando por la innegable calidad y magnetismo –y cierto aire pueril, por qué no decirlo- de clásicos inmortales como 'Los Rockeros Van Al Infierno', 'Concierto Para Ellos', 'Resistiré', o una de mis favoritas, 'Dame La Oportunidad'. Siguiendo una objetividad más o menos lógica, deberíamos situar al segundo y tercer disco de la banda al mismo nivel. Destacar uno sobre el otro sería como escoger entre Screaming For Vengeance o Defenders Of The Faith, como descartar Bad Reputation en favor de Thunder And Lightning. Misión imposible, vamos. A nivel individual, y sin ánimo de sentar cátedra de ningún tipo, sí me gustaría reivindicar las canciones de Metalmorfosis, un álbum que, debido a las muchas virtudes de su predecesor, siempre se nos vendió como algo parecido al hermano pobre, como una segunda parte un tanto menos afortunada.
Grabado en los Battery Studios de Londres, el disco arranca de forma imparable con 'Casi Me Mato', seguramente la canción más popular del grupo para los oyentes casuales, para el público no habitual. Su 'Sweet Home Alabama', su 'I Want To Break Free', para que nos entendamos. Un single redondo, muy a pesar de (o quizás, debido a) su infantil e hilarante letra, y con un impecable solo de slide guitar, con el paso de los años, una inconfundible marca de la casa de Armando De Castro. Sin prácticamente descanso, un monumental riff sacado directamente del fondo de catálogo de Led Zeppelin, nos introduce a 'Rockero Indomable', otra letra cien por cien Barón Rojo para una de las composiciones más logradas de la factoría De Castro. Y es que, ser fan de Barón Rojo en los años 80 era un ritual muy similar a lo que debió suponer idolatrar a Kiss en la década anterior. Podías tener a un componente favorito, al que, por supuesto, defendías a muerte en encendidos debates: o eras del bando de Paul Stanley y su 'Love Gun', o por el contrario, creías que 'Deuce' de Gene Simmons formaba parte de los momentos más inspirados de la Historia del Rock And Roll. No había término medio. Con Barón, o eras del club de incondicionales de Sherpa, o adorabas la filosofía más cruda y rockera, menos sutil si se quiere, de los Hermanos. Mi causa, y lo escribo aún plenamente convencido, siempre fue mucho más afín a las canciones cantadas por el bajista, aunque reconozco que en Metalmorfosis, ambos bandos estuvieron igual de inspirados, seguramente estamos hablando de la colección de canciones de Barón con menos fisuras. Para ser totalmente justos y objetivos, también cabría decir que con esta tercera obra, el cuarteto mostró de forma absolutamente clara y sin vergüenza alguna cuáles eran sus modelos a seguir a la hora de componer sus propios temas: 'Tierra de Vándalos' suena sospechosamente similar a los Judas Priest de 'Electric Eye', 'Hiroshima' estaba totalmente inspirada por el MSG de Graham Bonnet (ese tufo a 'Rock You To The Ground' echa para atrás), y 'Diosa Razón', con un riff inicial deudor del Ritchie Blackmore de Down To Earth, son algunos ejemplos irrefutables. Con 'Siempre Estás Allí' consiguieron componer posiblemente la mejor canción que haya parido grupo en este país, tanto a nivel instrumental, como gracias a la emotiva letra de Carolina Cortés, la Yoko Ono particular de Barón Rojo, aunque responsable de algunos momentos líricos brillantes dentro de su discografía inicial. La primera edición de Metalmorfosis salió a la venta con un single de regalo conteniendo dos cortes que se quedaron fuera del disco por falta de espacio (estamos hablando de la época en que las obras discográficas alcanzaban como mucho los 45 minutos de duración, cosas del vinilo): 'Invulnerable', cantada por Armando, una honesta declaración de principios que con los años ha probado ser totalmente cierta, y la acelerada 'Herencia Letal', no desmerecían para nada al lado de las 9 compañeras escogidas para aparecer en el producto final, claro ejemplo del dulce del momento compositivo por el que pasaba la banda.
Por supuesto, la gira de presentación del disco se realizó por todo lo alto en la mayoría de los pabellones del país, y quedó inmortalizada en el ya legendario doble en directo Barón Al Rojo Vivo en 1.984 (grabado en Madrid, aunque en un principio se barajó la –descabellada- posibilidad de llevar la unidad móvil al Budokan de Japón), y en su secuela Siempre Estáis Allí. Las siete nuevas canciones que el grupo presentaba durante la gira son prueba de lo mucho que confiaban en el material de nuevo cuño, y, en parte, me reafirma aún más en el hecho de que, muy a pesar de que en Volumen Brutal podía encontrar 'Resistiré' y 'Concierto Para Ellos', Metalmorfosis en conjunto era un producto algo más sólido que su antecesor.

viernes, 20 de febrero de 2009

BARÓN ROJO: ¿NO VA MÁS?




Recientemente se ha confirmado la reunión -en principio para un concierto enmarcado dentro del Festival Matalway en Zaragoza este próximo mes de Junio- de la formación original de Barón Rojo. Durante una sola jornada, los hermanos De Castro, José Luis Campuzano y Hermes Calabria dejarán atrás sus numerosas y más que públicas reyertas y descalificaciones mutuas. Se me escapan, y de hecho, me interesan bien poco los motivos reales que abocaron al grupo a la separación en 1.989 y los que hoy han conseguido esta reconciliación, me conformo con disfrutar de la emoción que provoca una noticia que muchos llevábamos esperando, seguramente sin grandes expectativas sobre el resultado, desde el final de la gira de presentación del deleznable 'Obstinato'
La lógica me dice que, al menos por parte de los cuatro elementos interesados, esta reunión se realiza bajo unas premisas puramente crematísticas y para nada artísticas o sentimentales. Sé también que los Hermanísimos no cruzarán más que las palabras necesarias con Serpa y Hermes durante el tiempo en que afronten juntos los ensayos y la promoción del magno evento. Lo más curioso del caso es que me da exactamente igual; en los últimos lustros he experimentado sensaciones como mínimo gratificantes con algunas celebradas reuniones, todas ellas, no lo dudemos ni un instante, provocadas a causa de carreras en solitario fracasadas o para alimentar cuentas bancarias en pos de una jubilación de lujo. Porque, a estas alturas de la película, nadie me hará creer que Peter Criss fue compañero de confidencias de Paul Stanley durante la gira Alive Worldwide, que Ronnie James Dio aprovecha las noches libres de las giras de Black Sabbath (ellos siguen empeñados en llamarlo de Heaven And Hell) para ir al teatro con Tony Iommi, o que Steve Harris invita de forma regular a Bruce Dickinson a compartir su barbacoa al aire libre.

La realidad es la que es y todos tenemos que sacar nuestras propias conclusiones de ella . Con Barón Rojo, soy plenamente consciente del estado físico y creativo de todos sus miembros (discos como 'Desafío', 'Arma Secreta', '20 +', 'Ultimasmentes', o el impresentable directo 'Desde Barón A Bilbao' son indignos de los creadores de 'Metalmorfósis'; de la reciente cosecha de Campuzano en solitario, por desconocimiento prefiero no hablar, aunque creedme, me temo lo peor) y de las posibilidades reales de que de todo esto salga alguna cosa realmente emocionante. En mi caso, la ilusión por revivir algo que experimenté de refilón (recuerdo vagamente a unos Barones en proceso de desintegración en Junio de 1.987, durante la gira de presentación de 'Tierra De Nadie') puede más que el hecho de estar casi seguro que muy probablemente no merecerá la pena. Os aseguro que me encantaría escribir la crónica post concierto teniendo que tragarme esta última frase, nada me haría más feliz. Si los 100 minutos que los madrileños y el uruguayo pasen sobre el escenario del Metalway merecen verdaderamente la pena, poca gente será más feliz que un servidor. Las horas que pasé frente a la televisión con la cinta de video preparada en épocas de 'Casi Me Mato', 'Breakthoven' o 'Cuerdas De Acero', son testigo mudo de la pasión que, y lo afirmo de forma completamente sincera, me gustaría recuperar y no abandonar nunca más.