
Intachable sesión de nostalgia la vivida ayer en la sala Apolo. Los "nuevos" Thin Lizzy sorprendieron al personal con un recital impecable y que supera con creces lo ofrecido por la formación que incluía a John Sykes. Lo que antes daba la impresión de ser el apaño Gorham/Sykes para poder ir tirando del invento ahora se ha transformado en un combo sólido y sin fisuras, en resumidas cuentas; dan la impresión de banda, cosa que antes no sucedía a pesar de que ofrecían correctos conciertos. Gran mérito de ellos es atribuible a Brian Downey, batería original del grupo que da credibilidad y consistencia al invento. Y si la vieja guardia cumple a la perfección no se puede decir menos de los nuevos fichajes. Vivian Campbell cumple como un campeón, tocando un repertorio que siente y siendo el perfecto partenaire de Scott Gorham ¿Y que se puede decir de la gran incognita que representaba Ricky Warwick? Pues el ex-Almighty ha insuflado nueva vida a sus compañeros, tirando el grupo hacia adelante, dándole un toque macarra (Manel dixit) que sienta de maravilla al combo y huelga decir que su labor a las voces no cojea en ningún momento.
Harina de otro costal fue la actuación de Supersuckers. Sin ser un mal bolo mostraron que lo suyo ya es agua pasada, y ellos lo saben. Interpretando sus pequeños clásicos de forma intachable pero sin excesivas ganas, más por obligación que por devoción. Sus quince minutos de fama ya quedan atrás y son conscientes. Aunque siempre será un placer escuchar en directo «The Evil Powers Of Rock & Roll» o «Pretty Fucked Up».
Harina de otro costal fue la actuación de Supersuckers. Sin ser un mal bolo mostraron que lo suyo ya es agua pasada, y ellos lo saben. Interpretando sus pequeños clásicos de forma intachable pero sin excesivas ganas, más por obligación que por devoción. Sus quince minutos de fama ya quedan atrás y son conscientes. Aunque siempre será un placer escuchar en directo «The Evil Powers Of Rock & Roll» o «Pretty Fucked Up».